lunes, 26 de septiembre de 2011
VAYA VERANITO (incluye fotillos)
domingo, 25 de septiembre de 2011
ASCENSIO ESTUVO EN... LA BRETAÑA FRANCESA
sábado, 24 de septiembre de 2011
NASIA PA CRIAR
Historia de terrorAlguien, en algún punto del planeta, se levanta por la mañana, descansada, tras nueve o diez horas de sueño reparador, desayuna en silencio, leyendo el periòdico, sentada en la mesa, pudiendo masticar y beber los alimentos correctamente, y, después, se ducha y hasta se lava el pelo si procede ese día, eligiendo la ropa que se pone, los complementos, el maquillaje, el perfume... y sale a la calle a hacer lo que le plazca durante toda la mañana, comiendo por ahí con las amigas ( o amigos) con café incluido, para pasar después la tarde recibiendo masajes corporales en Mandingo's, haciéndose también la manicura y pedicura, o en la peluquería, comprándose después varias piezas de ropa para la cena de la noche, en un restaurante con jardín, con cata de cervezas incluida, y no se recogerá hasta el día siguiente, durmiendo, esta vez, doce o trece horas antes de que salga su vuelo a Roma, donde pasará el fin de semana...
Mientras tanto, en el mismo espacio tiempo, alguien ( yo,por poner un ejemplo), soy despertada,con sobresalto, (ahora que había cogido el sueño tras no pegar ojo entre unas cosas y otras, incluída la acidez provocada por la tortilla de patatas que a las diez de la noche me sienta mal una y otra vez , pero no aprendo, o llego a casa con mucha hambre...),por una , dos o tres personas de diferente índole y condiciòn, que quieren que me baje inmediatamente a desayunar, que me levante de sopetòn porque se mean, o que los cambie de arriba a abajo, con ducha incluida algunas veces si ya se han meado , entre otras cosas. Consigo desplazarme hacia la cocina, con la pinta de una bruja del peor cuento de terror, y comienzo a hacer leches , tostadas de diferentes formas , materiales y sabores, ajustando el color exacto de cada paja a su tazòn correspondiente con la habilidad de los que preparan los còcteles en los locales, intentando desayunar de pie, en una esquina, antes de que termine alguno de ellos y me pida lo mío o tiren mi café con leche al suelo... Continuará
jueves, 22 de septiembre de 2011
NUEVO JORNADA DE MOVILIZACION
lunes, 19 de septiembre de 2011
UN CUENTO DE PURO SEXO (2ª parte)
La dorada a la sal, especialidad de Irene, cuya receta pasó de generación en generación, estaba a punto. No sabía por qué pero estaba muy nerviosa, inquieta. Hacía muchísimo tiempo que no tenía una cita con un hombre. Tenía un presentimiento. ¿Cuál? Ni la más remota idea. Pero algo le decía que esa noche iba a ser distinta. Distinta, ¿en qué? Sólo pretendía pasar un rato agradable con un tipo del cual sólo conocía su nombre, su estado civil, que conducía una RR y que buscaba trabajo. Un panorama que podría definirse como algo temerario. Eso sí, ella le contó la vida y milagros de su familia y de ella misma desde el principio de los tiempos. -Nunca escarmentarás, guapa. Le cuentas tu vida al primero que pasa por la calle-, se reprochaba una y otra vez.
A las nueve en punto sonó el timbre. Tras la puerta estaba un hombre totalmente diferente al que conoció apenas dos días antes: traje azul oscuro, corbata color salmón, zapatos marrones de estilo italiano, sin gafas, pelo engominado. Lo único que no cambiaba era su perfume. Tras la primera y grata impresión, le invitó a pasar. Traía una botella de vino tinto que, a pesar de ser lerda en cuestiones de caldos, a Irene se le antojó de los caros. Pasaron al salón, discretamente amueblado, sencillo pero acogedor, iluminado tenuemente. En el aire flotaba un aroma a sándalo muy suave. Era una auténtica obsesa de los ambientadores e inciensos. Tras un breve cambio de impresiones, tomaron asiento, uno frente al otro, ante la mesa parcamente decorada, tan sólo ataviada con unos servicios de mesa de Ikea, y una vela perfumada en el centro.
domingo, 18 de septiembre de 2011
POR LA ESPECIALIDAD DE URGENCIAS
El pasado Jueves día 15 se iniciaron parte de las movilizaciones plantaedas desde la Sociedad De Medicina de Urgencias, en este caso paros en la puerta de Urgencias del Hospital convocados a partir de las 8:54 para las próximas semanas. Junto con ello está en marcha la recogida de firmas, tanto por parte del personal sanitario que así lo desee como de toda la población. La reivindicación, como sabéis, es el definitivo reconocimiento de nuestra profesión como una especialidad individual, en contra del último decreto del Ministerio que pretende una troncalidad a partir de otras especialidades. Os dejo el enlace de las noticias de la primera de este Jueves, día en que se produjo el primer paro.viernes, 16 de septiembre de 2011
Nasia pa criar (y van tres)
Vamos a la carnicería.En el fondo , el asunto no es lo que se cuenta, sino còmo se cuenta.
Porque si yo os digo: mis hijos han merendado queso, la mayoría de vosotros me mandáis a la mierda, o a un lugar cercano, habida cuenta de que para lo que me han contratado, es para entretener al personal.
Pero es que eso no es lo que ocurriò realmente: ahí va la verdadera historia de hoy.
Estaba sola en el parque , y, sabedora de no tener cena, decidí ir a la carnicería más cercana. Sí, claro, con mis hijos, a los que todavía no les habían prohibido la entrada porque procuro no ir nunca con todos a la vez.
Entramos, llenando el local,por el alboroto, y porque somos cuatro de golpe,que quieras o no... y mientras yo intentaba pedir el fiambre, ellos tomaron sus posiciones.
La pequeña empezò a coger los bidones de agua y a meter los dedos por los envoltorios de plàstico para romperlos. La mediana, pegò la cara y las manos sucias del parque a los ,hasta entonces limpios,mostradores, mientras el líder espiritual de la manada,entraba detràs de los mismos para dirigir la operaciòn y poder coger todo lo que la pobre carnicera intentaba pesar ,para pesarlo él, siendo imitado de inmediato por sus subalternas.
La buena mujer intentò quitàrselos de encima dándoles lonchas de queso. Craso error,ello desencadenò una avalancha de peticiones de bocas hambrientas, de aquellas que no han comido nunca,que hizo que le pidiera la cuenta y los cogiera a peso a todos a la vez para salir de allí,con la esperanza de que la mujer olvide,como ocurre con la gente de su edad,que ya tiene algunos despistes,y la pròxima vez me vuelva a dejar entrar,que me pilla muy cerca de casa.
Un saludo a nuestro escritor porno.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
UN CUENTO DE PURO SEXO
Dice llamarse Javier Zaldivar...
Era un día lluvioso y frío, propio del crudo invierno que azotaba el país. Irene salió del trabajo, como cada día, asqueada y harta de soportar las envestidas reiteradas que su superior le lanzaba. Era algo vomitivo, pensaba ella, algo que ninguna mujer debería consentir. El acoso era continuo, descarado, sin pudor alguno. Irene rondaba la cuarentena, era menudita, bien proporcionada, de esas mujeres que, no siendo un bombonazo, hacían que un hombre la mirara de reojo cuando pasaba a su lado. Lo mejor de ella era su vitalidad y frescura. Siempre tenía una palabra amable para los demás. Su sonrisa era eterna, jamás podría decirse que tuviera un mal día. En su trabajo era buena, muy buena: concienzuda, responsable, agradable con los clientes, eficaz en su labor, con la cabeza sobre los hombros y una mente muy bien amueblada. Era perfecta. Esa perfección sofocaba a su inmediato superior. No podía soportar que aquella chica que un día aterrizó en la oficina, con un pobre curriculum y con escasos méritos académicos, hubiera podido revolucionar la tediosa y aburrida vida que se respiraba en la empresa en sólo ocho meses. A Alex, su jefecillo, le aplastaba esa sensación de usurpación que supuso la incursión de la pueblerina en la oficina. Se sentía desplazado, ninguneado, sólo por el hecho de que ella hacía su trabajo, y lo hacía bien. Y lo peor, carecía de argumentos para poder competir contra ella, sabiendo que en pocos meses, el escalafón superior iba a reclamar los servicios de Irene, de sobra demostrada su valía como técnico de marketing en una empresa dedicada a la venta de productos de automoción.
Los planes de Alex eran tan perversos como estúpidos. Un mobbing salvaje y un acoso sexual sin límites. No encontraba otra manera de hacer frente a la cateta inexperta que se le subió a las barbas con total descaro. Los alardes de su hombría eran continuos, su machismo era asqueroso, su lenguaje, soez hasta el límite, sus roces premeditados y sus miradas repulsivas no tenían fin. Irene lo sabía. Sabía que todo formaba parte de una estratagema exclusivamente para minar su tesón y sus deseos de ser alguien en la vida. Le costó mucho esfuerzo llegar a donde llegó. Nadie le regaló nada. Nadie le dio un empujoncito para seguir adelante. Todo era fruto de su sudor y de horas que le robó al sueño. Y, por supuesto, no estaba dispuesta a claudicar. Tenía la entereza suficiente para acometer las embestidas del baboso que le tocó en suertes como superior. Pero empezaba a flaquear. Las fuerzas no eran infinitas y lo peor, comenzaba a cuestionar su modo de trabajar, claramente influenciado por el acoso diario que sufría. Se sentía culpable de su propia situación. Incluso llegó a plantearse si no sería mejor acceder a los requerimientos de Alex con tal de salir indemne y que el castigo finalizase. Dudaba de su propia convicción como mujer y como ser humano, que sabía y quería desempeñar un trabajo que le apasionaba.
Uno de esos días, al final de la jornada, exhausta y triste como ya era costumbre, fue a comer algo al bar donde solía ir, tras el cual iba al gimnasio, donde vomitaba todo el odio y rencor que llevaba incrustados a fuerza de machacarse en el spinning. Se sentó en su rincón de la barra como todos los días, pidió su Coca-Cola Zero, su plato del día y su café… Ah, bendito café. Era lo mejor del día. Lo paladeaba con placer y fruición. Era su único vicio. Absorta en el clímax culinario, le fue invadiendo un perfume masculino que nunca antes había sentido. Era un aroma diferente, cálido pero con fuerza, muy agradable, distinto. De reojo vio que lo que seguía al olor era una figura masculina, no muy alta, algo gruesa, que se sentaba a su lado. Mientra saboreaba su solo corto no pudo evitar mirar de reojo a aquel hombre. Le pareció atractivo, no guapo. Tenía ese algo que nunca nadie sabe qué es, pero que atrae. Tendría unos cuarenta y tantos años, bien llevados, pelo cano, corto, unas patillas y perilla finas y perfectamente recortadas, sin duda fruto de largos minutos frente al espejo. Vestía de manera informal, con una sudadera gris y unos vaqueros. De su mano pendía un casco que dejó en el taburete de al lado. - Motero, hmmm…-, pensó, - siempre me han gustado los macarras trasnochados que tienen a su moto como amante-. Él también se dedicó a escudriñar a su vecina de barra, con la inocencia propia de un niño, llegando a ser poco menos que descarada la forma que tenía de observarla. Antes de que la situación se hiciera más incómoda, Irene tomó la iniciativa, se presentó y le espetó a bocajarro si le parecía correcto su atuendo. Al pobre hombre le fueron y vinieron los rubores de la cara, no supo contestar y casi se ahogó atragantado con un trozo de tarta de manzana que tomaba de postre. Pasado el trance y, como quien va a recibir un castigo, se disculpó de la manera que supo, más bien torpe, sin saber qué hacer para remediar el entuerto. Irene le observaba fijamente y, de manera espontánea, soltó una carcajada que resonó en todo el local. Aquello desconcertó aún más al extraño. Había algo en él que a Irene le gustaba. Quizá fuera esa aparente bondad que asomaba o el hecho de ver desmoronarse a todo un tipo duro. Ella suavizó las maneras y pidió asimismo disculpas por su modo grosero de entablar una conversación. A su vez, él se recompuso como pudo, tragó saliva y se presentó. Miguel, que así se llamaba, estaba de paso por la ciudad. Bueno, a decir verdad, estaba buscando trabajo. Los tiempos no andaban bien y la empresa para la que trabajaba hasta hacía unas semanas no tuvo otra ocurrencia que plantear un ERE y pasar la guadaña. Total, doscientos y pico despidos entre los que se encontraba él. Como era de esperar, se entabló una conversación de lo más intrascendente, donde no faltó, cómo no, el mal tiempo imperante. Poco a poco la conversación derivó hacia otros derroteros más atractivos. Ella no tenía pareja; no podía ni quería permitírselo. -Ahora no; después, ya veremos-, argumentaba. Él estaba divorciado desde hacía un par de años. Salió escaldado de una relación de más de una década, donde la monotonía era la reina de la casa. En el fondo, seguía queriendo a su exmujer. Pero las cosas no funcionaban. No había diálogo, no había complicidad en la pareja. Eran, básicamente, compañeros de piso. Afortunadamente no tuvieron hijos. Por azares del destino, a él le tocó ser lo que las marujo-beatas oficiales de todo vecindario definen como “no vale para tener hijos”. Una azospermia congénita le privó de descendencia. Quizá fue lo mejor, dadas las circunstancias. Estaba descartada la idea de comenzar una nueva relación. Por supuesto, un buen polvo no se desaprovechaba, pero de ataduras, nada. No sabiendo muy bien cómo, ambos llegaron a un punto en común: la pareja estaba condenada a desaparecer. El ideal de vida era la libertad, un bien muy preciado, cada uno por razones muy dispares, pero con un mismo fin. Cuanto más reafirmaban su anhelo de libertad, más se forjaba su inmadura sintonía que, de un modo casi exponencial, a las dos horas de su encuentro, parecían amigos de la infancia. Entre ambos se gestaba a marchas forzadas un afecto inusitado, brotaba un cariño desmedido para el poco tiempo que cada uno sabía de la existencia del otro. Esto les turbaba. No podían creer que, sin forzar y sin pretenderlo, se habían colado hasta el fondo en sus vidas, sin duda como un hecho irrefutable y es que, al fin y al cabo, estaban solos.
Era cerca de la siete de la tarde. El tiempo había corrido como una exhalación. Fue tal la comodidad que ambos sentían que, si por ellos hubiese sido, el reloj se habría detenido indefinidamente. Pero la triste realidad comenzó a asomar cuando se percataron de que anochecía. La prisa se hizo dueña de la situación y de una manera un tanto estúpida, Irene cogió sus cosas, insistió en pagar la cuenta y se marchó. Así, sin más, sin un “nos veremos en otro momento”, o un “hasta la próxima”… nada… Miguel se quedó estupefacto. No podía comprender cómo una persona que en dos horas le había contado su vida con pelos y señales, de pronto huía despavorida como alma que lleva el diablo. Qué menos que una despedida, por mera educación. Pero, oh Diosa Fortuna, siempre tan esquiva con Miguel, parecía haberle hecho un guiño e ese momento. Con el arrebato, Irene dejó olvidado el móvil en la barra del bar. -Aquí tengo una buena baza-, pensó Miguel. No le fue difícil encontrar el teléfono del trabajo de Irene. Le chocó ver “Cornudo” en la agenda de teléfonos. ¿Cornudo…? -Algún antiguo lío de ésta-, pensó.
martes, 6 de septiembre de 2011
NASIA PA CRIAR (2ª Entrega)
Lola ha Muerto IIviernes, 2 de septiembre de 2011
PURA EN BIRMANIA
Es el país de las sonrisas más hermosas que he visto nunca. Birmania está hecho del material de los sueños: llanuras inmensas repletas de templos a Buda, el lago Inle bajo la luz mágica del monzón, las mujeres de la etnia Phao atravesando bosques de bambú con sus mercancias sobre la cabeza... Mingalaba, Birmania, me has atrapado.